Enigmas: Profanaciones paranormales aterrorizan en Cuzamá

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Por Jorge Moreno
Recientemente, pobladores del municipio de Cuzamá me platicaron sobre los casos paranormales y extraños que han ocurrido en el cementerio de esta comunidad y sus comisarías; este poblado se ubica a una hora de Mérida y destaca por sus atractivos turísticos en los recorridos en “truck” por sus cenotes.

El panteón se ubica casi a la entrada del pueblo, colindando con la comisaría de Nohchakán, es pequeño y de acuerdo con lo que me platicaron, a principios del siglo pasado, llamó la atención la llegada de unos profanadores de tumbas.

Pero estos profanadores eran peculiares, ya que no se robaban los artículos de oro o joyas que algunas personas acostumbraban enterrar junto con sus difuntos en las tumbas, sino que se llevaban el cuerpo completo.

Enorme pájaro los dejó paralizados

Lo extraordinario del caso es que, tras empezar a vigilar este sitio, las autoridades descubrieron la llegada de un enorme pájaro que “aterrizaba” justo en el interior de este sitio y se transformaba en humano, para que, en cuestión de minutos, y con una fuerza sobrenatural abría las tumbas para devorar parte de los cuerpos y llevarse todo lo demás.

Las personas que lo veían afirman que quedaban como hipnotizadas o paralizadas y no podían ni siquiera huir ante lo que pasaba, de hecho en al menos un par de ocasiones esto ocurrió con la luz del día, antes de que oscureciera, y como es de suponer, el terror de la población se generalizó.

Se cuenta que al menos fueron cinco las tumbas profanadas, y después de un mes, este brujo alado desapareció y para fortuna del pueblo ya nunca más fue visto en Cuzamá, aunque hay quienes afirman que tiempo después los reportes de las profanaciones empezaron a ocurrir en los municipios de Huhí y Sotuta.

Continuando con los casos que ocurren en el cementerio de Cuzamá, también me reportaron que hace unos 30 años, veían a una señora de negro entrar con frecuencia a este camposanto, pero se veía “de carne y hueso”, por lo que de cierta forma a nadie se le hacía extraño, pues pensaban que a lo mejor iba a llorar a un difunto.

Sin embargo esto ocurría casi a diario y de pronto todo el pueblo ya se preguntaba quién sería esa señora, pues muchos la habían visto (siempre con la misma ropa) y nadie lograba identificarla.

Un día, una persona que laboraba en el ayuntamiento, pasaba por esa carretera rumbo a Acanceh y vio que la señora entraba al cementerio; intrigado, y decidido a acabar de una vez con el misterio de la identidad de la visitante, se bajó de su camioneta y entró.

Para su sorpresa, ésta ya no estaba por ningún lado, rápidamente recorrió el pequeño pasillo, volteó a ver por ambos lados y nada; el camposanto era muy pequeño y no había forma de que esa mujer se hubiera guardado, además de que eran casi las siete de la mañana y por lo tanto había la claridad suficiente.

En ese instante, el funcionario notó que un viento muy fuerte se sintió en todo el panteón, como si un remolino hubiera entrado, ante esto, prefirió irse de inmediato; cuando lo contó, le dijeron que se trataba del mal aire y que esa mujer seguramente era el demonio o un brujo en forma femenina que entraba al panteón para hacer sus hechizos.

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