Un orgullo de Hunucmá para el mundo, a pesar de la adversidad

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Zapatos, bolsos, llaveros, cinturones, aretes y carteras hechos de henequén, con diseños artesanales, son parte de los productos que Moisés Poot Tun, pese a su discapacidad, realiza con orgullo desde el pueblo de Hunucmá, Yucatán, y comercializa en los mercados locales, nacionales e internacionales, pues sus productos han llegado a diversos países. No envía una producción en masa, lo hace al gusto del cliente.

La característica que hace que sus productos destaquen, es que además que son de fibra de henequén, tiene la creatividad de los diseños que toman forma en las manos de sus trabajadoras, y la aceptación de sus productos es tal, que incluso han querido comprarle la producción para ponerle un sello diferente, pero él tiene la marca registrada, lo mejor, es que la creatividad es propia, está aprovechando su talento.

Durante la entrevista con NOVEDADES YUCATÁN sonríe al recordar cómo comenzó y ver lo que ha logrado en los últimos 12 años, partiendo de su interés por mantener y proveer a su familia de lo necesario y crear una opción laboral que ayude a su comunidad.

Moisés enfrentó las adversidades desde edad temprana, una discapacidad limitó su movilidad desde bebé, afectó su capacidad motriz pero no su creatividad, esto aunado a la convicción familiar de aprender un oficio además de estudiar, le permitió llevar su conocimiento sobre el calzado a otro nivel.

Ante la necesidad de sacar al mercado un producto innovador que compitiera con los zapateros, no solo de Hunucmá, sino de otros municipios, Moisés Poot Tun pensó en elaborar zapatos con la fibra de henequén, no fue el primero, pero le dio un sello personal, algo más moderno.

La ventaja de adquirir un par de este material es que son frescos por ser una fibra natural, no se calienta, como los plásticos, son como zapatos de tela tienen la misma frescura, lo que es muy cómodo, porque en la entidad sufrimos por el fuerte calor, explica durante la entrevista.

Además, el henequén es muy durable, por lo que en el caso de una bolsa la podrán usar y será muy duradera, pero la principal ventaja no solo es para nosotros, sino para el medioambiente, al ser una fibra natural cuando se deje de usar regresará a la naturaleza.

Ofrece trabajo indirectamente a cerca de 60 artesanas, quienes tejen los diseños, y a siete personas que laboran en su taller, que elaboran todos los productos que ofrecen, costuran, pegan, le dan acabado y detallan todo.

Los precios promedio de sus productos oscilan entre los 500 y mil 200 pesos, cuando los clientes quieren algo exclusivo se incrementa, todo depende de lo que quieran y el tiempo que llevará la elaboración de sus piezas, porque hay un intercambio para obtener el diseño que finalmente quieren, para comenzar a trabajar.

Es conocido y reconocido no solo por su trabajo de calidad, si no por la constancia que ha mantenido todo este tiempo. Admitió que no imaginó que sus productos traspasaran fronteras, pues él buscaba un trabajo donde estar a gusto y ahora está haciendo lo que le gusta.

Su taller y tienda se encuentra Calle 26 número 152 por 21, a unas cuantas cuadras de la entrada de Hunucmá y en su página web https://www.moisespoot. com, y sus redes sociales en Facebook, Twitrer e Instagram, Moisés Poot.

¿Quién es Moisés Poot?

Encontrar un empleo es difícil, ser una persona con discapacidad lo complica aún más, pero además si te lo dan te encasillan, y esto evita que puedas desarrollarte en otras áreas, manifestó el artesano emprendedor Moisés Poot Tun.

Después de varios años de tocar puertas y no encontrar un empleo adecuado para mantener y sacar adelante a su familia, el oficio aprendido en su juventud fue la clave para emprender un negocio, con lo que le había enseñado su abuelo comenzó la elaboración de zapatos, con una característica, el materia principal era hilo de henequén.

“Encontrar un empleo es difícil, para las personas con discapacidad es aun más complicado y sobre todo que te valoren, las empresas tienen miedo de contratar a las personas con discapacidad, cansado de eso decidí emprender algo, y dije voy a hacer lo que sé y eso es elaborar zapatos; hace ya 12 años de esa decisión”, indicó.

Moisés nació en Chetumal, Quintana Roo. Cuando tenía un año de edad, le dio poliomielitis, su madre originaria de Mérida y su papá de Hunucmá, deciden traerlo a Yucatán para que sea atendido y se quedó en este último municipio a vivir, pero las secuelas de esa enfermedad le impiden caminar, pero no le pusieron limite a su creatividad; hoy tiene 43 años y está casado y tiene dos hijas.

Aprendió el oficio de zapatero que le enseñó su abuelo, aunque nunca pensó en dedicarse a ello, “no me gustaba tanto la zapatería, me pegaba a mi abuelo que él era el que hacia los modelos, con él aprendí, por eso además de saber hacer zapatos, aunque no soy muy rápido en ello, sacar los modelos, diseños, los moldes eso si se me facilita”.

Moisés trabajó como policía en Cancún, Quintana Roo, donde lo asignaron a cuidado espacios para personas con discapacidad, pero sentía que no era lo adecuado para él, ganaba bien, pero no se sentía a gusto, por lo cual, con la ayuda de su esposa comenzó a elaborar chanclas de “pata de gallo”, tejidas con diversos materiales.

Como ingreso extra, llevaba a vender este calzado a un “parque de las palomas”, al que acuden algunos artesanos, ahí comenzó a ver que sus productos eran aceptados, le comenzó a ir bien, y dado que no estaba cómodo en su empleo de policía, a pesar de ser un buen ingreso, decidió dedicarse al 100 a este nuevo empleo; aceptó, incluso, la invitación de un amigo para ir a vender a los hoteles; todo fue bien hasta 2009, cuando llego la pandemia de la Influenza, que causó el cierre los hoteles, y con ello de las ventas, pero con gastos por pagar.

Ante ese panorama decide regresar a Yucatán, ahí estaba el taller, cerrado desde hace varios años, pero con las máquinas y todo lo necesario para iniciar.

“Habló con su esposa, y confiando en la aceptación que sus productos comenzaban a tener decidió apostarle al henequén, así fue como en 2010 regresa en compañía de una de sus hijas, su esposa se queda en Cancún, una vez que las cosas comienzan a mejorar ella viene con su otra hija”, explicó.

Hace 12 años empezaron a tocar puertas con la idea de acudir a los comercios de Mérida para venderles sus artículos, que ellos lo comercialicen y se dedica solo a fabricar, algo que sonaba bonito pero no tenían la costumbre desde su abuelo y tío de manejar cosas de calidad, competir por precio era complicado porque las tiendas de la capital del Estado buscan precio.

Por lo que al principio tuvo que sacrificar un poco la calidad para poder darse a conocer, porque no había otra opción.

Recordó que su primer cliente estaba abriendo su tienda y no tenía proveedor de zapatos, vendía ropa y el problema era que todas las tiendas vendían los mismo modelos.

“Estos están un poquito más caros pero están mucho mejor”, le dijo y le compró 10 pares, indicándole que si jalaba le pediría más, no tardo ni tres días y fue comprarle más y así comenzó.

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