Las escuelas del Centro Histórico de Mérida la están pasando complicado por la disminución de alumnos, el crecimiento de nuevos fraccionamientos y los problemas económicos que dejaron los años posteriores a la pandemia.
A pesar de ello, muchos planteles continúan resistiendo gracias a su tradición, prestigio académico y el arraigo que mantienen con varias generaciones de familias yucatecas.
Uno de esos casos es la primaria “Manuel Sarrado”, una institución con casi 90 años de historia ubicada en el corazón de la ciudad. Su director, José Alberto Reina Martínez, explicó que la escuela nació impulsada por la extinta Unión de Camioneros de Yucatán con el objetivo de brindar educación a hijos de trabajadores del transporte. “Definitivamente es una escuela llena de historia”, señaló el directivo, quien recordó que el edificio incluso alberga murales originales de Fernando Castro Pacheco realizados entre 1943 y 1945, lo que le da también un valor histórico y cultural.
Sin embargo, el maestro reconoció que las escuelas antiguas del centro han tenido que adaptarse a los cambios de la ciudad y de la sociedad.
“Todas estamos sujetas a una evolución”, comentó, al señalar que el crecimiento de Mérida hacia nuevos fraccionamientos ha provocado que muchas familias ya no vivan en el primer cuadro de la ciudad. “El centro hoy se utiliza más por cuestiones laborales, comerciales o de servicios. Mucha gente ya no habita aquí como antes”, explicó.

A esto se suma otro fenómeno que impacta directamente en la matrícula escolar: la reducción en el tamaño de las familias. “Hoy en día las familias ya no tienen tantos hijos como antes, cuando mucho uno o dos, y eso a la larga repercute en menor número de alumnos”, indicó.
La situación también golpea con fuerza a las escuelas particulares. El presidente de la Asociación Mexicana de Escuelas Particulares de Yucatán, Elías DájerFadel, advirtió que desde la pandemia han cerrado entre 225 y 230 escuelas privadas en el estado.
“Hemos tenido una situación compleja por el incremento de salarios y porque durante la pandemia muchas escuelas dieron descuentos importantes para apoyar a las familias”, señaló. Dájer explicó que aunque las instituciones incrementaron salarios a maestros y personal, las colegiaturas no pudieron subir al mismo ritmo, generando serios problemas financieros.
Además, denunció afectaciones recientes por fallas en servicios básicos como agua potable y electricidad. “En los últimos meses hemos tenido problemas con la Junta de Agua Potable y con interrupciones eléctricas, no solamente en escuelas del centro, sino en toda la ciudad”, comentó.
Pese al panorama complicado, destacó que muchas escuelas históricas siguen en pie gracias a la confianza de las familias. “Tenemos abuelitos trayendo a sus nietos a la misma escuela donde ellos estudiaron”, afirmó.
También aclaró que, aunque muchas familias ya no viven en el centro, eso no significa que las escuelas estén completamente vacías. Recordó que diariamente más de 400 mil personas llegan al Centro de Mérida por trabajo o actividades comerciales, y muchos aprovechan esos traslados para llevar a sus hijos a escuelas tradicionales de la zona. “Si una escuela tiene buena reputación académica, valores y tradición, los padres siguen trayendo a sus hijos aunque vivan lejos”, concluyó.




