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ROLLO POR RAÚL ANGULO

Algo cambió en la política yucateca… y no todos se han dado cuenta. Mientras muchos estrategas siguen discutiendo algoritmos, encuestas y narrativas digitales, hay un fenómeno más silencioso, pero cada vez más visible: las mujeres están redefiniendo la forma en que se conecta la política con la gente.

Los resultados electorales de junio de 2024 dejaron un dato interesante. Para el periodo 2024-2027, 24 mujeres fueron electas como alcaldesas en Yucatán. Es cierto: son menos que las 34 del periodo anterior (2021-2024).

Pero el detalle relevante no es sólo el número.

Las mujeres electas gobiernan hoy a más de la mitad de la población del Estado.

Y ahí empieza la historia.

Ahí están nombres conocidos como Cecilia Patrón Laviada en Mérida, Estela Dzul Chuc en Tekal de Venegas, Rosalba Guadalupe Uc Zapata en Xocchel o Cristina Pérez Bojórquez en Hunucmá, entre otras.

Pero más allá de los cargos, lo que empieza a llamar la atención es cómo se construye su relación con la ciudadanía.

Porque si algo distingue a muchas mujeres que hoy gobiernan municipios —y también a quienes aspiran a hacerlo— es que su narrativa pública no es la misma que la de los políticos tradicionales.

Un ejemplo interesante está en Conkal, donde durante tres administraciones consecutivas el municipio ha sido gobernado por una mujer.

Esto no sólo habla de continuidad política, sino también de una forma distinta de construir liderazgo en la comunidad.

Y ahí aparece un fenómeno que muchos analistas aún subestiman: las redes sociales femeninas en política funcionan diferente.

Mientras muchos políticos hombres intentan proyectar una imagen rígida de autoridad —eventos, inauguraciones, discursos— muchas mujeres políticas mezclan lo institucional con lo personal.

Y no pasa nada.

En sus redes aparecen sus hijos, su familia, celebraciones, momentos cotidianos, o incluso reflexiones personales.

Puede ser una alcaldesa mamá soltera, una política divorciada, una funcionaria felizmente casada o incluso una viuda que reconstruyó su vida familiar.

Y lejos de convertirse en una debilidad política, ese factor humano suele fortalecer la conexión con la ciudadanía.

Porque muchas mujeres votantes —y también muchos hombres— perciben autenticidad en esas historias.

No es el político distante que aparece cada tres años.

Es alguien que vive problemas similares a los de cualquier familia.

Por eso, en varios municipios de Yucatán empieza a verse algo interesante: las mujeres políticas generan comunidades digitales distintas.

Más conversación.

Más empatía.

Menos propaganda.

No es casualidad que muchos contenidos políticos con mayor interacción en Facebook o Instagram sean publicaciones personales de liderazgos femeninos.

No necesariamente el informe de gobierno.

No necesariamente la inauguración de una obra.

A veces basta una foto con los hijos antes de ir a trabajar.

Eso, que hace años hubiera sido considerado “poco político”, hoy se está convirtiendo en una nueva forma de legitimidad pública.

La política tradicional construía autoridad con distancia.

La nueva política —especialmente en liderazgos femeninos— la construye con cercanía.

Y en un estado como Yucatán, donde las comunidades siguen siendo profundamente sociales y familiares, esa diferencia puede terminar pesando mucho en los próximos ciclos electorales.

Quizá por eso el verdadero cambio no está sólo en cuántas mujeres gobiernan municipios.

Sino en cómo están cambiando la manera de hacer política.

Y muchos todavía no lo han entendido.

TikTok: Raúl Angulo
[email protected]

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