Enigmas: Ruidos de cadenas espantan en comercio de Hunucmá

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Por Jorge Moreno
Hace casi siete años hice una investigación en un domicilio particular abandonado en la ciudad de Hunucmá, en donde los vecinos afirman que escuchaban voces extrañas y ruidos como si aventaran cosas, pero en el sitio no había nadie; a raíz de este caso, varias personas de ese municipio me contactaron para investigar sucesos similares que ocurrían en sus viviendas.

Acudí en los siguientes meses en al menos cinco ocasiones a esta población ubicada al poniente del estado y pude obtener datos interesantes; una de las casas que fui a ver se encuentra muy cerca del centro de la ciudad, es un conocido negocio, y ahí de pronto los empleados escuchaban ruidos como de “cadenas arrastrándose en el piso”.

Fue el propietario del negocio quien me llamó, previo permiso del dueño del sitio, ya que él renta el predio y me dijo lo siguiente: “La verdad yo no creía lo que decían los empleados; aseguraban que esto pasaba más en un cuarto que nos sirve de bodega, incluso pensé que sólo por flojos de no querer acomodar la mercancía allí habían dicho lo del fantasma y ruidos de cadenas; sin embargo, cuando empezaron a renunciar me di cuenta que algo había de cierto”.

Y agrega: “Incluso, los nuevos empleados y un proveedor que llegó y entró a la bodega decían lo mismo, que escuchaban ruidos de cadenas y uno de ellos hasta vio una silueta que de pronto desapareció; con el paso de las semanas, una persona antigua que ha vivido siempre en este rumbo me contó que hace muchos años encadenaban a una persona que padecía de sus facultades mentales y que vivía allí”.

Según se cuenta, como los papás del joven (de unos veinte años) tenían que salir a trabajar, todos los días, cuando se iban, encadenaban a su hijo, pues ya se había escapado antes y había roto muchas cosas de la casa cuando lo dejaban solo y sin ataduras; sin embargo, un día, cuando llegaron, vieron que estaba muerto y que tenía los ojos desorbitados, como si hubiera visto algo.

Mudanza

Transcurrieron dos años y ese matrimonio decidió irse a vivir a otro pueblo, pues decían que los atormentaba el recuerdo de su hijo, pero gente más allegada a ellos afirmaba que habían confesado que su hijo deambulaba como alma en pena allí, molesto, y que buscaba venganza.

El caso es que se vendió la propiedad y al último dueño poco le importó la historia, pues a final de cuentas no vivía allí, sino que rentaba la propiedad, y es así como los actuales inquilinos han vivido en carne propia el martirio y susto del alma en pena que está allí y aún no puede descansar en paz.

El propietario del negocio no había podido recibirme en ese sitio, pero a final de cuentas me permitió hacer la investigación.

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