Enigmas: la leyenda de “La Mulata de Córdoba”, una bruja muy especial

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Enigmas: encarcelada por la Inquisición “bruja” saltó al barco que dibujó y desapareció para siempre

Por Jorge Moreno
Las leyendas mayas de temática misteriosa son sin duda muy conocidas a nivel nacional, y esto lo he podido comprobar cuando gente de varias partes de la República Mexicana me han pedido que les cuente sobre la Xtabay, los aluxes, el Huaychivo, etc.; sin embargo, en otras latitudes también existen leyendas dignas de ser contadas.

Una de ellas es mi favorita, se trata de una leyenda de Veracruz y que desde que la escuché por primera vez en el año 2003, quedé muy interesado en investigarla al respecto. Me refiero a “La Mulata de Córdoba”.

Corría el año de 1618 cuando la Santa Inquisición acusó de brujería a una mujer mulata. Se dice que en la ciudad de Córdoba vivía una bella mujer llamada Soledad, en la que corría sangre negra y española, que daba la impresión de nunca envejecer y corría el rumor que tenía un pacto con el diablo.

Soledad era una gran herbolaria, se dedicaba a curar todo tipo de enfermedades en su comunidad, usando varias hierbas y rituales favoreciendo la salud de quien buscaba su ayuda. Sin embargo, su belleza también provocaba envidia, de ella se sabía que era una mujer solitaria y un tanto huraña, que rechazaba abiertamente a pretendientes, fueran éstos ricos o pobres. Uno de ellos fue don Martín de Ocaña, alcalde de Córdoba, quien, despechado, comenzó a hacer correr el rumor de que ella era una bruja y que le había dado un brebaje que justificaba su malsana pasión por ella.

Decían que la vieron volar

Aunque muchas personas del pueblo le debían favores a la mulata, por el miedo de ir en contra de la religión católica y ser juzgados por la Santa Inquisición, cuando fueron interrogados por las autoridades eclesiásticas, muchos aseguraron que la escuchaban reír a media noche, que la vieron volar por encima de los tejados, y las muchachas decían que ella las buscaba para venderles pociones de amor y hechizos para amarrar al ser querido.

La mujer hacía caso omiso a lo que se decía de ella por ahí y seguía acudiendo a misa cada domingo. La Inquisición la mandó a arrestar, acusándola de practicar hechicería. La mulata fue sentenciada a la hoguera y fue encerrada en la lúgubre cárcel de San Juan de Ulúa.

Fue ahí en donde ella, valiéndose de la belleza que le había traído tanta desgracia, convenció al jefe de los carceleros de llevarle un poco de carbón para que pudiera entretenerse dibujando en las paredes. Faltando un día para su ejecución, el jefe fue a verla y ella le mostró su último y más bello dibujo: un espléndido bergantín (barco antiguo) con sus velas hinchadas por el aire del mar.

“¿Qué te parece?·, preguntó ella al hombre, impresionando por el realismo con el que estaba plasmado. “¿Qué le falta a este barco?”, le preguntó ella de nuevo. “Navegar, mi señora”, contestó subyugado.

“Pues mira cómo navega”, respondió la mulata y, ante el asombro del carcelero, saltó a la embarcación, se mezcló con el dibujo de la pared y el barco comenzó a alejarse hasta desaparecer para siempre.

Minutos después, echando en falta a su jefe, bajaron otros guardias al calabozo, para encontrar que la presa ya no estaba y el carcelero repetía y repetía, como en estado de shock, lo que había ocurrido, hasta que falleció.

Dice la voz del pueblo que, a pesar de que ese día el puerto estuvo cerrado debido a una gran tormenta eléctrica, pudo verse cómo, más allá de las escolleras, se perfilaba la figura de un gran barco, entre la lluvia y el viento del norte, con rumbo a mar abierto.

Investigando al respecto, pude constatar que, más allá de creer en esa inverosímil proeza, lo cierto es que la señora Soledad sí existió, si se dedicaba a hacer “brujería” y también que si fue arrestada por ello.

Además, existe una ópera “La Mulata de Còrdoba” en un acto con tres escenas con libreto de Xavier Villaurrutia y Agustín Lazo y con música de José Pablo Moncayo.

La mulata Soledad dibujo con carbón un bergantín en la pared de su celda, y en él escapó. La leyenda de la “mulata de Córdoba” es muy conocida a nivel nacional.

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