La contingencia ambiental que se vive en el centro del país es un problema muy serio. No solo se trata de algo que afecta a quienes viven en la Ciudad de México sino en seis estados colindantes: Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Querétaro, Hidalgo y Morelos.

Incluso nunca antes se había decretado contingencia ambiental en dos de estos estados: Puebla e Hidalgo.

De entrada las autoridades han decidido que este jueves 16 de mayo no habrá clases en escuelas públicas y particulares del nivel básico en la Ciudad de México y la Zona Metropolitana del Valle de México.

Además, también se ha determinado para el jueves la aplicación del ‘doble hoy no circula’ en dicha Zona Metropolitana del Valle de México.

Tal vez quienes viven en el centro de México piensen que hoy tienen graves problemas, pero la situación podría empeorar muy pronto si no se toman medidas más drásticas.

En el marco de la terrible contaminación que se vive en México vale la pena recordar lo que ocurrió en 1952 en Inglaterra, más precisamente en Londres, cuando, debido a la contaminación extrema, en un lapso de cuatro días al menos hubo 4 mil muertos.

“La Gran Niebla”

Del 5 a 9 de diciembre de 1952, la ciudad de Londres vivió lo que posteriormente se conocería como “La Gran Niebla”. En realidad esa “niebla” estaba formada por humo y partículas contaminantes.

Pero, ¿cómo fue que esto ocurrió?

Antes que nada hay que saber dos cosas: primero, ese invierno fue más frío que el de años anteriores; segundo, en aquella época la principal fuente de calor eran calefacciones que funcionaban con carbón, material con el que también trabajan las industrias.

Además, algunas versiones indican, incluso, que el gobierno de Inglaterra, después de la Segunda Guerra Mundial, se vio obligado a exportar su carbón de mejor calidad, dejando el de más baja calidad para consumo local.

La combinación de estos factores anteriores provocó que la “niebla” se acumulara de forma inusual en la capital británica. La realidad es que esta nube llegó a ser tan espesa que era casi imposible ver a través de ella de noche, mientras que de día daba una visibilidad de unos cuantos metros.

Durante estos días, de acuerdo con la BBC, aumentaron los crímenes pues los delincuentes aprovechaban el denso smog para entrar a robar a las casas, negocios o asaltaban a personas en las calles.

Por increíble que parezca, los pájaros chocaban con los edificios y los automovilistas abandonaban sus carros pues no se podía manejar adecuadamente.

“Debido a la baja visibilidad, el tráfico en barcos en el Río Támesis se detuvo. Los vuelos y los viajes en tren fueron cancelados. Incluso, a medio día, los conductores prendían sus luces y sacaban las cabezas por las ventanas del carro para avanzar lentamente dentro de la espesa niebla. Muchos encontraron este esfuerzo inútil y simplemente decidieron abandonar sus carros”, relata Christopher Klein en The Great Smog 1952 en History.

“Veneno puro”

Para que te des una idea de la gravedad del asunto, de acuerdo con La Jornada, los habitantes de Londres respiraron “veneno puro” en forma de: 2 mil toneladas de dióxido de carbón, 140 toneladas de ácido clorhídrico, 14 toneladas de compuestos de fluorina y 370 toneladas de dióxido de sulfuro que se convierte en ácido sulfúrico al unirse con oxígeno o agua.

Obviamente una contingencia de este tamaño tuvo consecuencias letales, especialmente para los grupos más vulnerables como niños y adultos mayores, así como personas que tenían problemas respiratorios crónicos o para los fumadores, que por obvias razones ya tenían cierto grado de daño físico.

La cifra de muertes en esos 4 días se estima en 4 mil, aunque, expertos consideran que este episodio cobró la vida de entre 8 y 12 mil personas.

La “Gran Niebla” terminó el 9 de diciembre gracias a la llegada de un fuerte viento del oeste que ayudó a disipar los contaminantes.

Las consecuencias

Después de esta crisis ambiental, en Londres se aprobaron leyes que restringieron el uso del carbón y fomentaban el gas para uso doméstico. Sin embargo, relata Brian Fagan en El País, esto no fue suficiente pues 10 años después, en 1962, vivieron otra gran crisis de smog.

“Yo tuve la mala suerte de vivir en Londres en aquel entonces. La visibilidad era casi nula y el aire tenía un espesor de puré y olía a aceite requemado”, recuerda.

En esta segunda crisis londinense el número de muertes fue de 750 personas.

(Con información: excelsior, elfinanciero.com, nacion321.com/Foto: corbis, bbc.com, topham picturepoint, associated newspapers/rex fea, dailymail.co.uk, topfoto)

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