Sigue la mata dando, y ahora quienes salieron al quite fueron los exportadores de carne de cerdo y la banda del sector agropecuario, luego de los señalamientos lanzados por el relator de la ONU, Marcos Orellana, sobre las actividades productivas en México. Y es que, dicen, el asunto no es tan simple como lo pintan.
Resulta que la Asociación de Exportadores Mexicanos de Carne de Cerdo y Cárnicos Afines (MPEA) expresó su preocupación por lo que considera comentarios sesgados sobre la porcicultura nacional. Según ellos, no se vale soltar juicios sin ver la película completa, sobre todo cuando está en juego la reputación del país en los mercados internacionales.
Y es que no es cualquier negocio: la producción porcina —dicen los expertos— es pieza clave tanto en la economía como en la posición de México como proveedor confiable a nivel global. Los exportadores aseguran que operan bajo estándares bastante estrictos en temas de sanidad, inocuidad y trazabilidad, cumpliendo con lo que piden los mercados más exigentes del mundo.
En pocas palabras, la confianza que México tiene allá afuera no salió de la nada, sino de años de supervisión, evidencia técnica y mejora continua. Por eso, advierten que cualquier señalamiento público debería venir bien sustentado, para no generar ruido innecesario que pueda afectar la imagen del país.
Por su parte, los del Consejo Nacional Agropecuario (CNA) también se subieron al tema y dijeron, en corto, que hay desconcierto. Señalan que los comentarios recientes sobre actividades productivas en la Península de Yucatán se quedaron cortos, pues no incluyen un análisis técnico completo ni diálogo directo con quienes están en la cancha.
Los meros meros del agro recuerdan que actividades como la agricultura, la ganadería y la porcicultura no solo generan empleo, sino que también son clave para la seguridad alimentaria del país. Además, aseguran que el sector no se ha quedado cruzado de brazos y ha metido tecnología y mejores prácticas para el manejo de residuos, uso de agua y cuidado ambiental.
Incluso, sacaron a relucir que estudios internacionales —como uno de la OCDE— han señalado que el marco regulatorio en México es robusto y permite un manejo adecuado de insumos como los plaguicidas, garantizando alimentos seguros.
Eso sí, tampoco se hacen de la vista gorda. Tanto exportadores como agroindustriales reconocen que hay áreas por mejorar, pero insisten en que generalizar no ayuda en nada y puede frenar soluciones reales. “No todo es blanco o negro”, vienen diciendo entre líneas.
Al final del día, el llamado es claro: menos grilla y más diálogo con sustento. La tirada, dicen, es sentarse todos —autoridades, organismos internacionales, academia y sector productivo— y armar soluciones con datos en la mano.





