Mare, qué orgullo de mujer! Mientras muchos a los 88 años ya sólo quieren estar en su hamaca tomando su pozole con coco, doña Celsa Iuit Moo, originaria del bello municipio de Xocchel, sigue dándole duro al trabajo y demostrando que la edad es sólo un número cuando se tiene un don en las manos.
El pasado viernes celebró su cumpleaños y, aunque su andar ya es despacio y con calma, sus dedos siguen teniendo una agilidad que ya quisiera cualquier chamaco de ahora.
Desde que era una niña, sus papás y abuelos le enseñaron el secreto de cómo domar el sosquil, esa fibra bendita que sale del henequén y que fue el oro verde de nuestro estado.
Doña Celsa no se guardó el secreto y lleva más de 58 años dándole vida a este material, haciendo bolsos, carteras, sombreros, portavasos y hasta unos nacimientos navideños que están ¡padrísimos!

HASTA HACEN COLA POR ELLA
“Comencé desde niña”, contó la doña, con una sonrisa que te llena el alma. Ahora, en lugar de sólo ver pasar los días, se dedica a viajar por los pueblos cercanos para enseñarle a la chaviza cómo tejer.
Dice que la gente hace cola para tomar sus cursos y a veces hasta tienen que esperar turno porque no entran todos en el local.

UNA VISIONARIA
Doña Celsa no sólo teje bonito, también tiene colmillo para el negocio y el bienestar de su gente. En 1994, vio que la cosa estaba difícil y juntó a 24 familias para armar la Sociedad de Mujeres de Xocchel.
Gracias a ese empuje, pudieron bajar recursos y apoyos para vender sus artesanías a lo grande. Fue el eje económico de su casa y de muchas otras familias que antes no veían la suya.
Usando el sosquil en su tono natural, o dándole color con anilina y tintes naturales, aplica técnicas de antología como el trenzado, la margarita, el enrollado y el tejido en telar de cintura.
En su taller, que es modesto, pero donde la creatividad salta por las paredes, se pueden ver pavorreales, pajaritos rojos y un montón de animales que parecen de verdad.
Muchos coleccionistas del extranjero y de otros estados ya tienen apartadas sus piezas porque saben que lo que hace esta doña vale oro.

ALGUNOS PREMIOS Y DISTINCIONES
Como el talento se nota a leguas, a doña Celsa le han llovido reconocimientos más seguido que la lluvia en temporada de turbonadas. Aquí les dejamos un repaso de sus trofeos más picudos.
1992.- Primer lugar en el Concurso Estatal de Artesanías de Mérida
1994.- Reconocimiento especiales en los festejos de Ticul
1995.- El codiciado premio José Tec Poot
2007.- Primer lugar en la categoría de fibras naturales del Concurso Estatal Artesanal
2009.- Premio Nacional de Ciencias y Artes entregado por la SEP en la Ciudad de México
Actualmente, aunque ya colgó los tenis de la producción masiva por la edad, su familia (los Matú Iuit) sigue al pie del cañón renovando las técnicas, pero manteniendo la herencia que la gran doña Celsa les dejó.
¡Un aplauso de pie para esta gran yucateca!
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