Enigmas: la “mala fama” de los gatos negros
La leyenda del gato y el demonio es muy conocida ¿ya la habías escuchado?

Hay personas que cuando caminan en la calle o un sitio público ven un gato negro tratan de alejarse porque dicen que es de mala suerte o tienen “mala vibra”. Sin embargo, esto sólo es un mito, ya que antiguamente en Europa los hechiceros de magia negra usaban un gato de este color como acompañante y esto daba temor a la gente.

Hay otra “leyenda urbana” con relación a estos felinos, la que habla sobre el motivo por el cual estos sueltan mucho pelo. Estos son unos animalitos muy curiosos, pero también mucho más inteligentes de lo que nos podemos imaginar. Y la razón de que dejen tantos pelos por toda la casa, es que hace mucho tiempo, ocurrió algo muy peligroso:

Había una vez una mujer que vivía sola con su bebé y su minino, en una casita en medio del bosque. Un día, ella tuvo que salir pero estaba muy preocupada porque no quería dejar a su hijo solo. Así que se volvió a su mascota y le dijo:

-Gatito mío, cuídame tú a mi bebé que no tardo en regresar —y entonces salió de su casa.

Al rato se apareció el diablo en la casa y el gato al verlo, saltó frente a la cuna del niño sin intimidarse, porque es bien sabido que los gatos son los únicos animales que no le temen a este ser tan maligno.

-¿Qué es lo que quieres? —le preguntó.

-¡Vengo a llevarme a ese bebé!

-Pues no puedes, porque lo estoy cuidando yo.

-No me importa, me lo llevaré conmigo y tú no podrás hacer nada para evitarlo.

-Muy bien —dijo el gato astutamente—, te propongo algo: si adivinas cuál es el número exacto de pelos que tengo en todo mi cuerpo, podrás llevarte al bebé. Pero si fallas tienes que irte y nunca más volverás a aparecer por aquí. Te lo advierto, sólo te voy a dar tres oportunidades para adivinar.

El diablo, que nunca había podido resistirse a los desafíos, aceptó pensando que sería fácil. Fue así como con mucha paciencia comenzó a contarle los pelos al gatito.

-Uno… dos… tres… —un pajarito cantó en la ventana distrayéndolo y haciéndolo perder la cuenta.

-Llevas una oportunidad —dijo el minino.

Refunfuñando, el diablo se puso a contar de nuevo.

-Cien… doscientos… trescientos…

En ese momento, el viento entró por la ventana y le movió los pelos al gato. El maligno perdió la cuenta una vez más.

-Ya llevas dos oportunidades.

Desesperado, el diablo se puso a contar de nuevo, prometiendo que ya nada lo iba a distraer.

-Un millón… dos millones… tres millones…

Entonces el gato movió la colita enfrente de su nariz, y el demonio estornudó fuertemente soltándole los pelos.

-¡Perdiste tu última oportunidad! Ahora sí, vete de esta casa y nunca regreses.

El diablo se sintió tan enojado por haber perdido, que ahí mismo hizo un berrinche pero no pudo tocar al bebé. Eso sí, se fue de vuelta al infierno jurándole al gato, que un día iba a adivinar cuantos pelos tenía y cuando eso ocurriera, su venganza iba a ser terrible. Cuando la mujer regresó a su casa, ni se dio por enterada de lo que había ocurrido. Abrazó a su hijito y le dio un beso al minino por ser tan buen niñero.

Es por eso que los gatos hasta hoy en día, sueltan pelo todo el tiempo. Porque de esa manera, el demonio nunca llegará a saber cuántos tiene en realidad.

Por cierto se cuenta esta misma leyenda pero teniendo como protagonista a un perro, sin embargo el origen real viene de un gato.