Dicen que los muertos tienen una añoranza singular por la comida, por eso en los días de Fieles Difuntos son comunes los altares con alimentos para que las ánimas puedan sentir la esencia.

Rollo : Jorge Moreno
En Yucatán y gran parte de la península es una tradición antigua comer tortillas con manteca; en primera instancia debido a las condiciones económicas, resultaba muy barato que las familias de los pueblos consumieran este producto, sobre todo a principios del siglo pasado; sin embargo, aunque en primera instancia este “guiso” se comía por necesidad, era tan delicioso para algunos que aunque dejaran de tener problemas económicos, continuaban saciando sus antojos con ello.

Todo esto viene a colación como preámbulo del caso que les voy a presentar hoy, ocurrido en Izamal hace algunos años, tras la muerte de don Bernardo, el amado padre de ocho hijos y más de 15 nietos.

Según me platicó uno de sus hijos, su padre falleció en 1998, a la edad de 78 años; durante su niñez y juventud fue muy pobre, al grado que en ocasiones no tenían ni para comer, ya que tuvo 12 hermanos y las raciones de alimento no alcanzaban; lo que era común en su casa y nunca faltaba en la mesa eran las tortillas hechas a mano aderezadas con manteca.

Y aunque cuando creció y se casó ya no tuvo problemas económicos, ese “platillo” nunca faltó en la casa, al grado que nos lo daban a mis hermanos y a mí; esto lo menciono porque dos años antes de su muerte le dio cáncer y aún convaleciente siempre pedía sus tortillas con manteca.

A los pocos días de su muerte, de pronto descubrimos una mañana que en la cocina habían unas tortillas junto a la estufa, y encima tenían un poco de manteca, pero untada de forma muy burda, como si le dijeras a una niña de tres años que unte algo en una tortilla.

Nos llamó la atención y cuando despertó mi madre, se extrañó porque ya nadie comía eso, sólo se las hacía a su difunto marido. No le dimos mucha importancia y pensando con lógica creímos que mi hermanito quien vivía con nosotros (en ese entonces de 30 años de edad) lo hizo antes de irse a trabajar, es decir, que había sacado las tortillas del refrigerador y les había puesto la manteca.

Pasaron los días y esto continuaba ocurriendo, le pregunté a mi hermanito y dijo que obviamente él no lo había hecho, pues aparte de que no le gustaba, en todo caso las prepararía para comérselas o llevarlas, no para dejarlas en la estufa.

En mi casa nunca habíamos creído en fantasmas, o más bien, no estábamos familiarizados con el tema, pero cuando platicamos del fenómeno que estaba ocurriendo a uno de mis tíos (hermano de mi papá), no se sorprendió y de inmediato dijo “seguro es Bernardo”.

Y fue entonces que me platicó que tras la muerte de otros dos de mis tíos (en los años ochentas), ocurrió exactamente lo mismo, ya que ellos también eran muy asiduos a comer las tortillas con manteca:

“Cuando murieron José y Manuel por una semana casi a diario aparecían las tortillas de la casa embarradas con manteca, ya cuando terminó el ochavario dejó de ocurrir esto; de hecho se enteró Bernardo, pero él no le dio importancia, quizás por eso nunca se los comentó”, platicaron.

Para finalizar, menciona nuestro entrevistado, luego de un par de semanas dejó de ocurrir este fenómeno; lo interesante del caso es que tras la muerte de tres hermanos ocurrió el mismo incidente paranormal, tortillas untadas con manteca en la estufa, como si el fantasma quisiera calentarlas tal y como hacían en vida.

Es la primera vez que escucho un caso relacionado con tortillas, pero lo que sí es común es que tras la muerte de una persona ocurran situaciones cotidianas que la persona hacía en vida; por ejemplo me enteré de un caso de un joven que todas las mañanas se preparaba un licuado antes de ir al trabajo y tras su muerte, por más de un mes sus papás escuchaban y veían cómo se encendía sola la licuadora justo a la misma hora en que lo hacía cuando vivía.