Enigmas: Fascinante historia del HuayPek de Ticul

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Por Jorge Moreno
Don Argel Sierra, vecino de la colonia Itzimná de Mérida, nos mandó un interesante correo electrónico en donde menciona que su hijo estudió en Sevilla, España, hace unos diez años, y cuando hizo sus prácticas en una biblioteca, le tocó ver unos archivos antiguos que hablan de un “brujo hereje” de Ticul, Yucatán.

Se refiere a un caso de un brujo del que ya habíamos escuchado, pero ignorábamos que su “fama” hubiera trascendido fronteras; la historia es la siguiente:

Cuenta la gente mayor de Ticul que en 1890 vivió en ese lugar un brujo denominado HuayPek, es decir “Brujo-Perro”, pues tenía la facultad y poder de convertirse en este animal.

Los abuelos de las personas mayores que hoy día viven en La Perla del Sur fueron testigos de muchos de los trabajos que realizó este hechicero e incluso varios de estos están escritos en crónicas eclesiásticas en donde fue considerado como hereje (persona que hace cosas contrarias a los mandamientos de Dios). Pues bien, ese brujo, llamado Juan Moo, por muchos años fue considerado uno de los mejores curanderos de los alrededores, y contra lo que se pudiera pensar, mayormente hacía trabajos de limpias y de curación de enfermedades y antídotos contra otros brujos que querían hacerle mal a las personas.

Y por increíble que parezca, en ese entonces ya era hasta cierto punto común ver a un enorme perro negro que por momentos caminaba en dos patas y daba grandes aullidos por las noches; al verlo, los vecinos más por respeto que por temor se guardaban en sus casas porque sabían que era don Juan Moo que estaba yendo o regresando del cementerio o del monte de hacer un trabajo.

Según cuentan, cuando los gobernantes se enteraron de esto no daban crédito a ello y dijeron “hasta no ver no creer” y una noche, varios de ellos, encabezados por el coronel Bixente Almazán, se guardaron en una casa cerca de la calle que da al cementerio para verlo pues eran muy curiosos.

El encuentro

A la tercera noche de paciente espera, vieron cómo un enorme perro pasó por ahí, pero el coronel, pensando que más bien se trataba de un animal bastante crecido quiso espantarlo disparando al aire; sin embargo, al cortar cartucho, el perro viró a ver de inmediato, pues tenía un aguzado oído y vio directamente a la ventana donde estaba el coronel como si ya supiera de antemano que ahí estaría.

Al verlo con sus penetrantes ojos rojos, la bestia dio un fuerte aullido y se puso de dos patas, por lo que el coronel Almazán reconoció después que él se fue hacia atrás de la impresión y tiró el arma, ya que sabía que lo que estaba viendo era cosa del demonio y prefería no intervenir disparando su arma de fuego.

Sus acompañantes también tuvieron mucho miedo y de inmediato se sentaron bajo la ventana, se persignaron y empezaron a rezar como desesperados.

De esta anécdota todo el pueblo se enteró, ya que el coronel Almazán contra lo que se pudiera pensar era un “gachupín” muy platicador y curioso, por lo que desde el día siguiente le platicó a cuanta persona veía que ya creía en el HuayPek, pues lo había visto y lo había tenido frente a él.

De esto, hay incluso un reportaje en un periódico antiguo de España, ya que el coronel Almazán cuando regresó a su país informó no sólo a sus superiores sino hasta a la prensa de lo que habían visto sus ojos.

Quién iba a pensar que hasta en el Viejo Mundo hay testimonios por escrito de estos seres malignos del mayab.

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