así estaba la niña que fue por bayas al bosque, y en la derecha, cuando apareció cincuenta años después… El enigma continúa…

Rollo: Jorge Moreno
El martes pasado, durante mi participación en la sección paranormal del programa de radio “Frutería Espectacular” (que se transmite en la estación “La Comadre” por el 98.5 de FM), hablamos sobre los mundos alternos o viajes paralelos, un tema sin duda tan apasionante como polémico; allí hablamos de dos casos muy famosos y que son el símbolo de este apasionante tema..

Antes que nada, esto se refiere a la teoría que menciona que mientras usted está sentado en su trabajo leyendo estas líneas, en un pasado y en un futuro, en ese mismo sitio están otras personas haciendo otras cosas, es decir, están en un mundo alterno, en el mismo espacio pero en otro tiempo.

Se dice que hay “agujeros negros” que de pronto nos pueden llevar a otra dimensión y que tiempo después nos regresan al mismo sitio, pero en un futuro o pasado; de eso se trata el famoso caso de “la niña que fue a buscar bayas y regresó cincuenta años después”.

En 1905, en el pueblo de Barranco de Bajadoz, España, un matrimonio vivía con su única hija de seis años de edad; un día, como de costumbre, la niña agarró su cesta y fue a buscar bayas al bosque. Pero al cabo de varias horas, los padres se percataron de que su hija se demoraba demasiado en volver.

Esperaron impacientes y, al caer la noche, comenzaron a buscarla, primero solos y después con vecinos. Nadie pudo encontrar rastro de la pequeña. Buscaron hasta perder la esperanza de encontrarla viva y, después, se resignaron a llorar su ausencia. No tuvieron más hijos y toda la vida sintieron la culpa de haber enviado a la niña sola al bosque a buscar la fruta.

Después de 50 años, una mañana vieron una figura que se dirigía a la casa. Al acercarse, pudieron constatar que era su hija, vestida y con la misma apariencia que tenía cuando se fue. La niña estaba visiblemente asustada porque no reconocía a sus padres (50 años más viejos), pero sí la casa y todo el resto. Para ella había pasado sólo un ratito, el que había empleado en buscar las frutas que, además, traía en la cesta.

La policía no creyó esta versión y el pueblo supuso que la niña era otra, pero la pequeña y sus padres afirmaban que era la misma niña, su hija, a la que algo misterioso le había ocurrido y para lo que no tenían explicación posible. Con el paso del tiempo, los creyentes en la mencionada teoría afirman que la menor entró a un agujero negro sin darse cuenta y por algún motivo regresó cincuenta años después y con la misma edad.

Un caso similar

Lo mismo ocurrió en los años cincuentas en Iquique, Chile, donde se cuenta la historia de un hombre que era jubilado y para matar el tiempo se dedicaba a la arqueología aficionada, visitando las salitreras cercanas a su ciudad.

Todos los días por la mañana tomaba un autobús hacia el desierto y se quedaba en aquellas oficinas abandonadas buscando objetos y restos de la gente que vivió allí el siglo pasado.

Un día se despidió de su esposa como siempre y se fue temprano con el periódico bajo el brazo. Al llegar la noche su señora se sintió extrañada porque el hombre no volvía, pero pensó que a lo mejor había perdido el autobús de regreso así que, en vez de alarmar a la familia, prefirió esperar a ver si su esposo aparecía más tarde. La noche pasó y el hombre no regresó por lo que, al otro día, la señora decidió ir hasta el lugar donde solía ir su marido a ver si lo encontraba, pero no había rastros de él en aquel paraje desolado.

La familia, preocupada, llamó a la Policía y se inició una gran búsqueda, pero jamás se encontró rastro alguno de él; a los tres meses lo declararon muerto e incluso le construyeron una tumba simbólica en el cementerio.

Ocho años después, un hombre intentaba entrar a la casa, se fijan en la ventana y era el mismísimo desaparecido, con la misma ropa, la misma apariencia y extrañado de los rostros de incredulidad de su esposa e hija, pues para él sólo habían transcurrido seis horas.

Y como prueba contundente, tenía bajo el brazo el mismo periódico de hacía ocho años, en perfecto estado, como si fuera de ese mismo día y no de ocho años atrás; transcurrió el tiempo y el señor siempre aseguró que sólo se fue unas horas y nunca recordó nada; en ese lapso de tiempo en que estuvo desaparecido no envejeció en nada.