En Mérida, mientras muchos todavía andan peleándose con el tráfico y el calorón que cae como plomo derretido, hay una mujer que todos los días agarra el volante de un Va y Ven y sale a rifársela por las calles de la ciudad.
Se trata de Isabel Garma Paredes, una chofer de 38 años de edad que, además de manejar una unidad de la ruta 50 Villa Magna Sur, también conduce las riendas de su hogar como madre, padre y sostén de su familia. Esta guerrera yucateca, vecina de la colonia Emiliano Zapata, tiene dos hijos: una joven de 21 años y un muchacho de 16, quienes actualmente estudian y son el motor que la impulsa a seguir adelante.
Isabel es viuda, pero lejos de dejarse vencer por las dificultades, se fajó bien el pantalón y decidió salir a buscarle duro para que en su casa nunca falte el taco.
Desde hace dos años conduce una unidad del sistema Va y Ven y asegura que este trabajo le cambió la vida. Pero llegar hasta ahí no fue cosa fácil ni de la noche a la mañana, pues primero empezó moviendo camiones dentro del encierro, aprendiendo poco a poco, agarrando confianza y tomando las capacitaciones necesarias hasta sentirse lista para enfrentarse al tráfico de Mérida.
“Es una bonita experiencia. Me gusta lo que hago y lo disfruto mucho”, contó con una sonrisa mientras esperaba el cambio de luz del semáforo. Y es que antes de subirse al enorme autobús azul, Isabel trabajó durante 10 años en un asadero, donde el calor de la lumbre y la friega eran parte del día a día. Sin embargo, decidió darle un giro radical a su vida y probar suerte en algo completamente diferente.
Aunque reconoce que muchas personas todavía ven raro que una mujer maneje un camión de transporte público, ella deja claro que la capacidad no depende del género.
“Todos tenemos la capacidad para manejar cualquier tipo de vehículo, desde una bicicleta hasta un tráiler”, dijo muy segura.
La doña no solo maneja un autobús, también lleva las cuentas de la casa, organiza las labores del hogar y se coordina con sus hijos para que todo marche sobre ruedas. Explicó que entra a trabajar a las 12:45 del día, pero antes ya adelantó varias tareas domésticas. Cuando ella sale de laborar a las 8 de la noche, sus hijos ya tienen lista la cena y también cumplieron con sus deberes escolares.
“Somos un gran equipo”, comentó orgullosa. Y vaya que sí. Sus hijos no pierden oportunidad para decirle lo orgullosos que están de ella. Le reconocen el esfuerzo, las desmañanadas, las horas al volante y todo lo que hace para sacarlos adelante. Para Isabel, esas palabras son gasolina pura para seguir echándole ganas.
Aunque actualmente cada vez se ven más mujeres detrás del volante de unidades de transporte público, Isabel asegura que todavía son minoría. Calcula que, de unos 200 operadores, apenas unas 20 son mujeres. “Ojalá sigan entrando más mujeres. Sí es un trabajo riesgoso porque andas en la calle y pueden ocurrir accidentes, pero también hay responsabilidades en casa. Hay que saber llevar ambas cosas”, explicó.
Y aunque el trabajo es pesado y requiere mucha concentración, también tiene momentos que le alegran el día. Uno de ellos es cuando los pasajeros reconocen su trabajo. “Es bonito cuando un caballero sube a la unidad y te felicita por tu forma de manejar. Se siente padre que reconozcan que haces bien tu trabajo”, dijo entre risas.
Asegura que las capacitaciones ayudan bastante, pero también influye mucho el carácter y la actitud para tratar a la gente. Porque no falta el pasajero acelerado que quiere llegar “para ayer”, o el que se sube de malas porque ya le pegó el calorón meridano.
Para Isabel, formar parte de la Agencia de Transporte de Yucatán ha significado estabilidad y una oportunidad de crecimiento. Gracias a este empleo puede mantener a sus hijos, pagar gastos y llevar lo necesario a casa.
“Estoy agradecida primero con Dios, después con la vida y con las personas que confiaron en mí”, expresó.
Finalmente, mandó un mensaje a todas las mujeres que sienten miedo de intentar algo nuevo o desempeñar trabajos que normalmente son ocupados por hombres.
“A veces da miedo salir a la calle o manejar algo grande, pero cuando tienes confianza y valor, descubres que puedes hacer mucho más de lo que imaginabas. Nosotras también podemos”, finalizó.
Mientras tanto, Isabel seguirá recorriendo las calles de Mérida al volante de su Va y Ven, demostrando que las mujeres yucatecas no solo saben sacar adelante una casa, sino también mover toda una ciudad, aunque sea entre baches, calor infernal y uno que otro pasajero que todavía pregunta: “¿A poco usted maneja el camión?”.




