Todo comenzó desde septiembre, con la organización de pedidos y el cálculo de la mercancía necesaria para atender la demanda.
Rosario Baas, también locataria, comentó que las ventas arrancaron el primero de octubre y que esperan el mayor movimiento los días 29, 30 y 31. Explicó que, además de las familias, algunos negocios compraron grandes cantidades para revenderlas.
Incluso hubo clientes que adquirieron hasta 2 mil piezas para distribuirlas en fruterías.
Parte de los productos llegó de la Ciudad de México, aunque algunos mazapanes fueron elaborados por productores yucatecos.

Para surtir su negocio, doña Mari contó que parte de su personal viajó durante una semana para conseguir la mercancía.
La comerciante destacó que cada año procura renovar la variedad y ofrecer artículos atractivos para el público. Sin embargo, detrás de su puesto también hay una historia de esfuerzo y perseverancia.
Duros inicios
Doña Mari habló sobre las dificultades que enfrentó para levantar su negocio y respondió a quienes, según dijo, la criticaron durante su trayectoria.
“Me ha costado mucho trabajo estar acá parada y levantarme yo sola. Nadie me levantó. Me caí como 10 veces, pero de esas 10 veces me levanté de nuevo a seguir”, relató.
Relató que encontró en sus hijos la motivación para seguir adelante. Con orgullo, señaló que uno de ellos estudió Ciencias Políticas en Arizona.
Así, entre dulces, calaveritas y recuerdos, los locatarios del Lucas de Gálvez se alistaron para una de las temporadas más esperadas, en la que cada golosina ayuda a mantener viva la tradición de honrar a quienes se nos adelantaron en el camino.
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