Rollo: Celia V. Franco C.
La educación la recibimos en la casa, ni más ni menos, no se vale culpar a ninguna autoridad por querer “imponer” como tradiciones actividades que buscan fomentar una interacción sana, que contribuyen para atraer más turismo, lo que obviamente redunda en un mayor ingreso económico para los comercios y de paso ayudan a las nuevas generaciones a enamorarse de su cultura.
Sí, como cada año, hay quienes salen a despotricar en contra del “Paseo de las Ánimas” que si porque no se apega a las tradiciones ortodoxas mayas, que si la mercadotecnia está ganando sobre nuestras tradiciones, que si las nuevas generaciones se van a confundir y van a creer que “eso” es la celebración de los fieles difuntos.
En fin, una sarta de argumentos que, como todos, son válidos. Como dijo algún ilustre “el respeto al derecho ajeno es la paz”, pero creo que también los que vemos con buenos ojos este tipo de actividades tenemos la libertad de expresarlo y ellos, los que no, también deben de tolerarnos, así como lo hacemos desde este lado.
Yo pienso así: el mundo está cambiando, es una verdad absoluta que lo que para nosotros es algo nuevo, para los chavos es normal. En nuestras épocas, las parejas del mismo sexo eran un tabú, hoy son una realidad con la que nuestros hijos conviven. Hace algunos ayeres los puestos públicos estaban casi prohibidos para las mujeres.
No había mujeres pilotos. Los hombres mantenían el hogar y si nos vamos un poco más atrás el divorcio era pecado mortal, había que aguantar al sujeto; “era tu cruz”. Los matrimonios entre personas de diferentes estratos sociales era algo impensable y tener un hijo con discapacidad era motivo de vergüenza.
Afortunadamente todo eso es cosa del pasado, pero eso implica también esforzarnos un poco más como padres de familia para que nuestros hijos reciban los valores que a nosotros nos parecen importantes, aceptando que ahora hay que ser más incluyentes y nuestra obligación es darles las herramientas necesarias para que enfrenten el mundo globalizado que nosotros solo alcanzamos a dimensionar.
¿Qué mal hay en que sea un desfile en donde los jóvenes disfrutan pintarse como esqueletos, pero que respetan utilizar los atuendos típicos yucatecos? Eso no va a suplir la tradición que como familia se realice en casa.
Creo que es más importante enseñarles a ser amables, ayudar a quienes lo necesitan, ser conscientes con el medio ambiente, a saludar cuando lleguen o se vayan de un lugar. No todas las culturas tienen las mismas tradiciones, pero los valores son igual de importantes aquí que en China.
Hay que ser tolerantes y entender que las autoridades buscan darle un realce a la ciudad y que las tradiciones son el eje, pero hay que adaptarlas a las necesidades actuales. Hasta hace unos años en la capital del país no existía una gran actividad para el Día de Muertos, ahora se hace un desfile al que acuden miles de ciudadanos y turistas.
Hay imágenes inmensas de catrinas, se pintan los rostros a la vez que se narran historias propias de la región y la actividad es un éxito porque incluye a todos y enriquece las tradiciones. Hay que abrir un poco la mente, si nos encerramos nunca vamos a crecer.
¿Quieren una ciudad con más oportunidades? Hay que sumar, no restar. Si nos quejamos de todo no nos estamos ayudando. Pero como siempre digo: es solo mi opinión.



