Rollo: Celia V. Franco C.
Afortunadamente, ha llegado esa época del año en el que ponemos el trabajo un poco en pausa para dedicarnos a apapacharnos y, por supuesto, a nuestras familias… ¡Las vacaciones!, tan esperadas y codiciadas.

Aunque no todos los años se puede salir a pasear, el simple hecho de saber que no tienes que trabajar es maravilloso ¿o me va a decir que no? No tener responsabilidades, no cumplir un horario ni estar pendiente de tantas cosas, resulta maravilloso para los nervios.

La verdad es que aunque amemos y disfrutemos mucho lo que hacemos (nuestro trabajo) las vacaciones sirven para recargar pilas, bajarle al estrés, simplificar las cosas, bajarle al acelere y a las carreras, para luego volver al trabajo con una mejor actitud.

Recuerdo que en mi infancia, al día siguiente de concluir el ciclo escolar, mi abuelito llenaba su camioneta con ropa, comida, sillas y demás, y nos mudábamos a su casa del puerto del puerto, donde pasábamos los dos meses de asueto.

Sí, dos meses, en ese entonces todos los estudiantes, desde kínder hasta universidad salían de clase parejo, no como ahora que unos salen en mayo, otros en junio y unos más en julio, para entrar en agosto y septiembre; en esa época, la vida era en la playa.

Los señores que no tenían vacaciones se trasladaban todos los días al puerto, pues su familia ya se había instalado, eso claro está, si se tenía casa en alguno de los puertos.

Por cierto, en esos ayeres rentar una casa para la “temporada” no era ni tan caro ni tan complicado como ahora, donde conseguir un lugar para pasar unos días en la playa puede salir tan caro comprar un carrito de medio uso.

Lo maravilloso era compartir con la familia, divertirse con los primos, molestar a los tíos, acurrucarse con mamá en la hamaca mientras conversaban de cualquier cosa, jugar con papá… No importaba el lugar, sino la convivencia y el amor incomparable que se compartía durante esas semanas.

La verdad es que la que escribe tuvo una infancia y juventud muy divertida, así que trato que mi hijo (quien por cierto ya está a punto de llegar a la adultez) viva aunque sea una parte de lo que yo tuve y creo que eso es lo importante como padres: dejarles recuerdos que los inspire a querer repetirlos cuando tengan su familia.

Como ya les anuncié, me voy unos días de vacaciones, lo que significa que por unas semanas este espacio no se publicará, pero cuando regrese, le prometo hacerlo con el mismo compromiso de siempre.

¡Disfrute que el tiempo pasa volando!

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