La gentrificación en Mérida ya dejó de ser un simple cambio urbano: hoy es vista como una amenaza directa para quienes viven en la ciudad. Así lo advirtieron académicos y activistas durante el conversatorio “Gentrificación: ¿Progreso o Desplazamiento?”, realizado en el marco del Día de los Derechos Humanos.
Desde el inicio del evento se lanzó la alerta: la gentrificación convierte la vivienda en mercancía, encarece la vida, provoca desplazamientos y deja las decisiones en manos de actores privados que buscan negocio antes que bienestar social.
Graciela Carrillo, consultora e investigadora del Centro de Investigación, Docencia y Análisis de Política Pública (Cidapp), explicó que muchas veces el término se usa para culpar a personas foráneas, cuando en realidad se trata de un modelo económico que ve la ciudad como un negocio y no como un hogar.
“La gentrificación no es algo natural”, dijo. “Aparece cuando la vivienda se compra y vende sin pensar en lo que provoca”, lo que abre paso a la especulación inmobiliaria, al aumento de precios y al desplazamiento—directo o indirecto—de familias enteras.
También señaló que en Mérida uno de los factores más graves es la falta de regulación de las rentas a corto plazo. Aseguró que Airbnb opera sin controles y sin cambios en el uso de suelo, permitiendo que algunos dueños acumulen hasta 10 casas dedicadas exclusivamente al turismo. “Eso ya es un hotel horizontal”, advirtió, “y está quitando vivienda para quienes realmente viven en la ciudad”.
En el conversatorio participó también Carlos Manuel Orozco Santillán, de la Universidad de Guadalajara, quien relató cómo en ciudades como Guadalajara o Ciudad de México la especulación inmobiliaria ha creado enormes “ciudades dormitorio”, donde miles de familias desplazadas viven lejos del centro, sin transporte adecuado y sin servicios. Al recorrer Mérida, dijo, ve señales similares: casas convertidas en hoteles boutique, cambios rápidos en el uso de suelo y una dinámica en la que “el inversor especula, el desplazado vende y el político aprueba”.
Los especialistas coincidieron en que Mérida no cuenta con políticas capaces de frenar este fenómeno. Sin regulación, sin vivienda asequible y sin mecanismos que ordenen el crecimiento, la ciudad podría seguir el mismo camino que otras metrópolis del país. Por ello señalaron que es urgente trabajar y legislar antes de que el desplazamiento avance aún más.





