Con 38 años de experiencia en la medicina, 32 de ellos como especialista, el doctor Santiago Basto Mejía, médico traumatólogo y ortopedista, que además de laborar en el área de la salud, es un amante del boxeo, es un ejemplo impecable de lo que es un crack.
Experiencia, pasión y compromiso forman parte de la vida de este galeno que, además, cuenta con trayectoria en el mundo del pugilismo, donde ha sido juez internacional e incluso ha estado al frente de la Comisión de Boxeo de Lucha Libre de Mérida.
Su labor en la medicina es un gusto nato que ostenta y que le apasiona, “atender a los pacientes que llegan fracturados y luxados y ver cómo poco a poco se van resolviendo y van quedando bien”, dijo el vecino de la colonia Pensiones.
Aseguró que la relación médico-paciente es parte fundamental de su labor, pues “siempre hay que estar pendiente de los pacientes como si fuera tu familia”, comentó el egresado de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) y quien cuenta con experiencia en hospitales de renombre como el de “Magdalena de las Salinas” en la Ciudad de México.
Basto Mejía cuenta con un currículum amplio, incluso en el deporte, en donde es miembro distinguido del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), organismo que le hizo entrega de un nombramiento por su aporte como médico en el deporte de las “narices chatas y orejas de coliflor”.

En 2020, el CMB le hizo entrega del premio “Héroe de México”, por haber sido uno de los hombres que estuvo en primera fila combatiendo la pandemia del Covid-19. Dentro de la misma disciplina, Santiago formó parte de la Comisión de Boxeo y Lucha Libre de Mérida, en donde tuvo varios cargos, entre ellos, el de presidente por cerca de una década.
Pero todo este amor al deporte de los moquetazos, se debió gracias a su padre, del mismo nombre, que se puso los guantes en el amateurismo.
Recordó, que desde muy pequeño su papá lo llevaba a las funciones de boxeo que se generaban en aquella época en la capital yucateca. Entre una de sus anécdotas, hizo remembranza de una función celebrada en la ciudad, donde se mezclaba el olor a tabaco y cerveza, donde la iluminación era directa al cuadrilátero y el escándalo de la fanaticada, se impregnaron fuertemente a su mente desde ese momento.
“Ver a los boxeadores de verdad, no es un juego. Su vestimenta, experiencia, es algo que los que estamos ahí no podemos salir”, comentó el también amante de la lectura y escritura.
En su vida personal, el doctor Santiago, también es amante de la gastronomía yucateca especialmente del frijol con puerco, unió su vida a doña Paty, anestesióloga de profesión con quien formó una familia, sus hijos Juan José y Sam, este último también metido en el mundo de la medicina y el segundo, como diseñador industrial e intérprete de ópera.
Sin duda alguna el doctor Santiago Basto es todo un crack fuera y dentro del deporte, donde ha dejado huella y un legado bien cimentado.






