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Rumor de Pasillo: Columna peninsular

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LOS ALTARES TRICOLORES Y SUS RETOS

En la trinchera del Revolucionario Institucional, el caso de Rafael Echazarreta llama poderosamente la atención. Tras dar por cerrado su capítulo en MORENA, hace años, encontró refugio presidiendo el comité municipal del PRI en Mérida. Aunque intenta reclamar su espacio y mantener con vida la franquicia en la capital, el persistente ruido de sus litigios judiciales le resta el impulso necesario para liderar una verdadera resurrección electoral. Aunque con todo eso, sigue siendo el mejor perfil tricolor, eso si Alejandro Alito Moreno no logra terminar de convencer al Senador Rolando Zapata Bello a contender a la Alcaldía de Mérida.

Angélica Araujo ha logrado, a base de persistencia digital, mitigar parte de los señalamientos en su contra. No obstante, al encontrar cerradas las puertas de su partido original por los candados de Gaspar Quintal, busca acomodo en nuevos altares, ya sea en Morena o en el Partido Verde, dependiendo de los puentes que Jorge Carlos Ramírez Marín logre tenderle.

Hablando de legados, un ánima perdida rondó recientemente los pasillos del Palacio de Gobierno: Carlos Sobrino Sierra se apareció de manera sigilosa para ver si todavía queda algo de ofrenda en el altar oficial, para él o para sus hijos, Jorge en el Partido Verde y Carlos en el PRI. Mientras tanto, en la península vecina, su hijo Carlos Sobrino Argáez. se mantiene como delegado de un partido que pierde oxígeno a pasos agigantados. Su mayor reto es no convertirse en el último en apagar la vela del registro del PRI en Quintana Roo.

LOS QUE SE NIEGAN A PARTIR

Roger «Zorro» Aguilar mantiene vigencia administrativa en el INDERM, pero su viabilidad electoral choca de frente con el dominio de Acción Nacional en su región, dejándolo con un estrecho margen de maniobra. Del lado panista, Esteban Abraham ha visto disminuir su fuego político tras los desencuentros en la UGROY y con el exgobernador; hoy intenta conservar encendida una pequeña llama pensando en el lejano 2030.

Finalmente, hay espíritus que se resisten al descanso. A Renán Barrera sus detractores le redactaban el epitafio, pero mantiene el pulso y la operación. Se sabe que el exalcalde ha tenido acercamientos con Movimiento Ciudadano, pero su apuesta primordial sigue siendo construir desde Acción Nacional, pues confía en que la militancia se dará cuenta pronto de que el partido se encuentra secuestrado por la actual cúpula. Su influencia en la primera fila sigue más que latente.

Nerio Torres Arcila, por su parte, observa el panorama desde su fundación. Aunque por momentos parece asomarse a la vida pública para luego regresar a su retiro voluntario, no es un secreto que tanto en Acción Nacional como en Morena estarían dispuestos a ofrendarle el mejor altar. Saben bien que su estructura y capital territorial valen su peso en oro para cualquier elección venidera.

LA PUERTA QUE QUEDA ABIERTA

En medio de tantos espíritus que van y vienen, hay un dilema terrenal que atormenta a Acción Nacional en Mérida: la conveniencia de mantener la alianza con el PRI. La encrucijada es sumamente compleja. Si el PAN decide caminar en solitario en la capital, tendrá que descubrir cómo compensar esos cerca de 30 mil votos tricolores que en el pasado reciente fueron vitales para un triunfo holgado. Pero si optan por renovar los votos de coalición, el costo interno podría ser catastrófico. Los espacios, candidaturas y posiciones son sumamente limitados y ya están siendo peleados con fiereza por los propios panistas. Si a esa saturación se le suma la obligación de ceder lugares por acuerdos cupulares con el priismo, el panorama logístico y de acomodo de egos suena a un auténtico callejón sin salida.

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