En “Progro” todo mal
En política nada se olvida y Progreso es un claro ejemplo. Todavía hay quienes recuerdan que el hoy alcalde Erik Rihani fue el encargado de entregar la entonces Delegación de SEDESOL (hoy Secretaría de Bienestar) a Joaquín Díaz Mena cuando este asumió su responsabilidad. Durante ese período, quienes seguían de cerca la vida política del puerto aseguran que ambos sostuvieron frecuentes reuniones.
Para algunos fueron parte de una entrega-recepción ordenada; para otros, también sirvieron para intercambiar información estratégica y construir una relación política. La llegada de Rihani a la alcaldía tampoco estuvo exenta de polémica. Su triunfo terminó definiéndose en el Tribunal Electoral de Veracruz, una resolución que, según se comenta en los pasillos políticos, respondió a una alineación de intereses donde destacó el grupo del ex alcalde Julián Zacarías.
Durante la campaña, Rihani buscó marcar distancia de su antecesor, pero en la práctica muchos consideran que ambos mantuvieron una estrecha cercanía. Esa percepción se fortalece al observar que, pese a las múltiples observaciones derivadas de auditorías, hasta ahora no existe ninguna acción legal contra la administración anterior.
A ello se suman versiones que circulan dentro del Ayuntamiento, se comenta que en el Catastro continúan operando personajes de administraciones pasadas, señalados por presuntamente manejar una contabilidad paralela y facilitar permisos apócrifos. Su permanencia alimenta las dudas sobre la transparencia y el control interno de la actual gestión.
El descontento ciudadano aumentó con el caos vial provocado por la modernización de la carretera al puerto. El rumor más insistente señala que la administración municipal retrasó los permisos necesarios, lo que agravó el tráfico en plena temporada vacacional.
Ante la crisis, fue el gobernador Joaquín Díaz Mena quien intervino para destrabar el conflicto y lograr que las obras se pospusieran hasta después de las vacaciones. Hoy, con el tránsito normalizado, en los círculos políticos esa solución se atribuye a la capacidad de gestión del mandatario estatal, no del alcalde.
¿Haciendo nuevos amigos?
El encuentro entre el gobernador Joaquín Díaz Mena y Liborio Vidal Aguilar fue uno de los movimientos políticos más comentados de la semana. Sin existir un cambio de partido ni una incorporación formal a Morena, la reunión dejó claro que ambos encontraron motivos para construir una relación de colaboración. Huacho reconoció públicamente la experiencia y el conocimiento territorial del vallisoletano, mientras que Liborio respondió convocando a más de 80 empresarios, exalcaldes y liderazgos del oriente del estado, demostrando que su estructura política sigue vigente.
El acercamiento también refleja la situación interna del PAN. Una parte importante del grupo político de Liborio participó en la campaña que llevó a Cecilia Patrón a la alcaldía de Mérida, pero muchos consideran que, terminado el proceso electoral, los espacios políticos fueron limitados. Ese escenario explica por qué el ex secretario hoy tiene margen para tender puentes con otros proyectos sin romper formalmente con su partido.
La influencia de Liborio en el oriente sigue siendo relevante. Durante años construyó una estructura propia que nadie ha logrado sustituir, por lo que cada uno de sus movimientos aún es seguido con atención. El episodio también deja una lectura para el gobierno estatal.
En un gabinete donde varias dependencias con fuerte potencial político mantienen una presencia territorial discreta, el gobernador parece apostar por sumar experiencia y capacidad de operación. Más que un cambio de militancia, el acercamiento con Liborio puede entenderse como la búsqueda de un aliado con organización y convocatoria, dos cualidades que, según comentan en Palacio, hacen falta dentro del propio equipo gubernamental.
¿Qué se mueve en MC?
En Movimiento Ciudadano el panorama sigue sin definirse. La diputada federal Ivonne Ortega Pacheco mantiene la mayor parte de su operación política fuera de Yucatán. Mientras impulsa un liderazgo de alcance nacional, dentro del partido crecen las voces que consideran que su presencia genera más resistencias que consensos.
La dirigencia estatal tampoco termina de consolidarse. Tras la salida de Nayelli Hernández, Movimiento Ciudadano no ha recuperado el ritmo. Abigail Uc mantiene un perfil discreto y, según diversos actores internos, buena parte de las decisiones pasan por el círculo cercano del hijo de Joaquín Ocampo, cuya influencia ha ido en aumento. Otro nombre que sigue apareciendo en las conversaciones es el del diputado local Javier Osante Solís. Aunque mantiene poca presencia dentro del partido, continúa cargando con los cuestionamientos por la acción afirmativa indígena mediante la cual obtuvo su candidatura, tema que vuelve cada vez que se habla de sus aspiraciones para el próximo proceso electoral.
Mientras tanto, ya empiezan a mencionarse algunos perfiles rumbo a 2027. Para la alcaldía de Mérida suena el regidor Eddie Maldonado Uh; para las diputaciones federales aparecen Gabriela González Ojeda, por el Distrito IV, y Larissa Acosta Escalante, por el Distrito III. En el ámbito local también comienzan a circular los nombres de Gerardo Ocampo, Ximena Rivas Alfaro y Graciela Carrillo, quien mantiene presencia constante junto a líderes vecinales y comunitarios en distintas movilizaciones.
Por ahora son sólo nombres que empiezan a acomodarse en un partido que aún busca ordenar sus piezas de cara al siguiente proceso electoral.
