Rumor de Pasillo: Columna peninsular

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¿A dónde vamos a parar?

La política yucateca suele estar llena de contrastes, pero pocos tan evidentes como los que hoy se ven en distintos puntos del estado. Mientras algunas decisiones empiezan a proyectar un Yucatán con mayor competitividad y visión de largo plazo, otras mantienen vivas inercias que parecían formar parte del pasado. La diferencia, como casi siempre ocurre en política, no está únicamente en los proyectos, sino en quienes los operan. Uno de los casos más ilustrativos se encuentra en Progreso. Desde el Gobierno del Estado resulta innegable el papel que ha desempeñado Dafne López Martínez, coordinador de Proyectos Estratégicos, para destrabar la ampliación del Puerto de Altura. La obra representa uno de los proyectos de infraestructura más importantes para Yucatán en las últimas décadas y puede modificar de manera definitiva la vocación logística del estado y del sureste mexicano. Sin embargo, mientras el gobierno estatal impulsa una visión de futuro, el Ayuntamiento parece seguir atrapado en prácticas que muchos daban por superadas.

La llamada “Saga Rihani” continúa alimentando esa percepción. En distintos círculos empresariales y políticos persiste la pregunta sobre la permanencia de Manuel Aldecua al frente del área de Catastro. Su nombre no es nuevo en la administración pública del Puerto; durante el gobierno de Julián Zacarías Curi trabajó de la mano con Alí Dib, uno de los personajes más controvertidos de aquella administración. Aunque Dib ya no ocupa un cargo público, varios actores sostienen que buena parte de la estructura de operación que construyó continúa funcionando bajo la actual administración. Las consecuencias de esa continuidad son motivo de preocupación. Ahí están los permisos relacionados con desarrollos ampliamente cuestionados por sus impactos ambientales, como el caso de las dunas de Chuburná, o el crecimiento de proyectos inmobiliarios de gran escala como Ciudad Maderas, que concentra cerca de una cuarta parte del padrón catastral del municipio. La pregunta empieza a repetirse entre especialistas, empresarios y ciudadanos: ¿está realmente preparado Progreso para absorber ese crecimiento en términos de agua, energía, movilidad y servicios públicos? Mantener a los mismos operadores en áreas estratégicas hace parecer que la prioridad sigue en la expansión inmobiliaria antes que en la planeación urbana.

Hunucmá y las cuentas que no cuadran

En Hunucmá, la administración de la alcaldesa Cristina Pérez Bojórquez comienza a enfrentar cuestionamientos por la forma en que se realizan algunos trámites relacionados con el impuesto predial. Ciudadanos y asesores inmobiliarios comentan que, al acudir a la Tesorería Municipal para solicitar actualizaciones o cotizaciones, el personal se niega a entregar montos por escrito, una práctica que ha despertado suspicacias entre contribuyentes. En los pasillos del municipio ya circulan versiones sobre posibles cobros diferenciados y recursos que no necesariamente seguirían la ruta institucional. Por ahora son comentarios que crecen conforme aumenta la inconformidad ciudadana, pero el tema ya empieza a llamar la atención fuera del municipio.

Alaine acelera el paso

Mientras varios perfiles comienzan a mover discretamente sus piezas rumbo a 2030, hay un nombre que empieza a aparecer con mayor frecuencia en las conversaciones políticas: Alaine López Briceño, actual secretaria de Infraestructura para el Bienestar del Gobierno del Estado. Sin hacer demasiado ruido, la funcionaria comienza a colocarse por delante de otros cuadros que hasta hace poco parecían mejor posicionados dentro de Morena. En distintos círculos ya se le menciona como una posible carta para ocupar una candidatura de alto nivel, particularmente en el ámbito legislativo. Todavía falta mucho para que esas decisiones se tomen, pero en política también importa quién empieza a sonar antes que los demás.

La puerta que queda abierta

Si algo ha dejado claro esta semana es que los reacomodos de poder en Yucatán rara vez ocurren frente a los micrófonos. Las alianzas silenciosas, los viejos operadores que vuelven a aparecer, las decisiones que se toman en oficinas alejadas de los reflectores y los intereses económicos que empiezan a cruzarse con la política ya comenzaron a mover el tablero rumbo a 2027, y más allá. Conforme se acerquen los tiempos electorales, los rumores crecerán al mismo ritmo que las aspiraciones. Habrá más nombres levantando la mano, más pactos construyéndose en privado y más movimientos que, aunque hoy parezcan aislados, terminarán explicando las candidaturas y los equilibrios del poder en Yucatán. 

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