Los payasos pueden causar risa, alegría y hasta ternura, de hecho, es su objetivo principal; sin embargo, a lo largo de las décadas a mucha gente le han causado lo contrario (terror, miedo, etc.) al grado de que existe el término “coulrofobia”, el cual, de acuerdo a “Wikipedia” es el miedo intenso, irracional o persistente hacia los payasos, afectando a adultos y niños por igual.
Se caracteriza por el rechazo a su maquillaje exagerado, la ocultación de la identidad, el comportamiento impredecible y la influencia de su representación negativa en la cultura pop. E historias paranormales existen muchas, como el caso del “fantasma del payaso de Muna” y el caso del “Payaso de Pustunich”. En cuanto al primero, la “leyenda urbana” surge a raíz de la muerte de un joven de nombre Rómulo en Muna (hace ya más de 25 años) y tras la llegada de varios circos en el campo de béisbol de la entrada del pueblo, afirmaban que “iba a pedir trabajo”, pues de pronto veían a un joven el cual tras solicitarlo e irse “desaparecía”.
También se decía que era el alma en pena de otra persona que falleció ahí, pero este suceso propició que muchos niños de Muna ya no quisieran ir al circo y decían (erróneamente claro está), que el fantasma seguro estaba disfrazado de payaso. Otro caso fue el de un cirquero que llegó a Pustunich, comisaría de Ticul, el cual se enamoró de una joven y la visitaba frecuentemente, pero tras la muerte de la mujer (tenía leucemia), él se suicidó y afirmaban que su alma en pena rondaba cerca de ahí. Y como el artista del circo sí era payaso, pues fue motivo más que suficiente para causar terror por ser un “payaso fantasma”.
De igual forma existe una leyenda de terror que cuenta que hace mucho tiempo, existía un circo que se levantaba sobre un enorme terreno baldío. En él trabajaban muchos artistas, comediantes y acróbatas, pero entre todos ellos destacaba un payaso, que vestía un traje muy estrafalario y al que le encantaba hacer bromas pesadas. Su sola apariencia y sentido del humor, despertaban miedo en los niños y una macabra fascinación en el público adulto. Un día, entró a trabajar al circo una hermosa muchacha que era bailarina. No tenía a nadie en el mundo, pero era perfectamente capaz de ganarse la vida bailando.
Desde el primer instante en que la vio, el payaso se enamoró de ella e hizo hasta lo imposible por ganarse su corazón. Sin embargo, la joven era indiferente a todas sus muestras de afecto. No le gustaba el modo tan pesado en que se burlaba de las otras personas para divertirse, ni su insistencia que comenzaba a rayar en la obsesión. Sin darse cuenta, el amor del payaso se fue convirtiendo en un oscuro deseo.
Un día, encontró a la bailarina hablando con otro actor del circo, un acróbata muy amable del cual ella estaba enamorada. Cuando el payaso los vio besándose, sintió que los celos se apoderaban de él y lleno de ira, juró vengarse de la muchacha por rechazar su afecto. Esa misma noche antes de actuar, la chica se fue a dar un baño para prepararse. No notó al malvado payaso, que oculto en su camerino, esperaba el mejor momento para atacarla. Cuando lo descubrió fue demasiado tarde. El payaso la degolló sin piedad y después de cometer el crimen, se suicidó al lado de su cuerpo sin vida. Sus cadáveres no serían encontrados sino horas después, al finalizar la función de aquella noche.
Antes de morir, el infame payaso le había cortado la cabeza a la bailarina en un arranque de violencia. Y por más que buscaron, esta jamás fue encontrada. Con el tiempo, la gente dejó de acudir al circo y este cerró sus puertas. La arpa fue retirada del terreno y en ese mismo lugar se construyó un gran internado. No pasó demasiado tiempo antes de que los niños que vivían en la escuela, empezaran a notar toda clase de cosas extrañas y escalofriantes. Se decía que, en uno de los baños de la institución, a veces se escuchaba el canto macabro de una mujer y que esta los llamaba por su nombre.
Luego, si uno bajaba por las noches al salón de actos del colegio, podía ver cómo en el escenario bailaba un cuerpo sin cabeza. Lo más aterrador; sin embargo, ocurría en el patio, mientras todos dormían o intentaban dormir. Ahí, se aparecía un horrible payaso vestido con ropas extrañas, quien reía de una forma maniática y jugaba con la cabeza de su amada entre las manos. Por supuesto, las autoridades del internado jamás creyeron ni una sola palabra de aquellos rumores o más bien, prefirieron actuar como si no fueran reales.



