La comunidad católica yucateca despidió este martes al padre Álvaro García Aguilar, quien falleció el pasado lunes a los 92 años, dejando a su paso décadas dedicadas al servicio pastoral, la formación de jóvenes y el acompañamiento espiritual de miles de familias.
Durante la misa de cuerpo presente celebrada en la parroquia de María Inmaculada ubicada en el parque de los San Juanistas, templo cuya primera y última piedra colocó él mismo, el obispo auxiliar de Yucatán, Pedro Mena Díaz, destacó que la despedida del sacerdote no se comprende desde la tristeza únicamente, sino desde la fe que él mismo predicó durante toda su vida.
“Nosotros los sacerdotes anunciamos la muerte, pero proclamamos la resurrección del Señor en la que estamos unidos desde el bautismo y sabemos que el día que Dios nos llame vamos a ser acompañados, sabemos que es parte de la vida y nosotros damos gracias a Dios por el legado que deja el padre Álvaro”, expresó.
El obispo, recordó que el padre Álvaro durante más de seis décadas dedicó su vida a acompañar a quienes enfrentaban pérdidas y ahora es él quien es acompañado por la comunidad que ayudó a formar y agregó que, pese a la edad avanzada y las dolencias que enfrentó en sus últimos años, su legado permanece vigente.
“No damos gracias a Dios solo por sus años, sino por lo que hizo con ellos. Los frutos de su obra siguen vivos en la parroquia y en la vida de muchos jóvenes”, puntualizó.

Un camino de valores
Según dijo, la trayectoria del padre Álvaro estuvo marcada por la formación de valores, el impulso a movimientos laicos y la promoción de vocaciones sacerdotales, siendo esta última una de las huellas más profundas que deja en la iglesia local.
Mena Díaz recordó que varios presbíteros encontraron su camino gracias a su acompañamiento. Entre ellos mencionó al nuncio apostólico en Bolivia, monseñor Fermín Sosa, además de sacerdotes como Jorge Herrera, Rodrigo Santos, Federico Santos y Luis Alfonso Rebolledo.
El obispo, destacó que su legado no se limita a las obras visibles o materiales, ya que no solo construyó un templo, sino más bien construyó vida comunitaria, pues su labor impulsó movimientos como Cursillos, Jornadas de Vida Cristiana y grupos juveniles que hoy mantienen viva la dinámica pastoral en la zona norte de Mérida.
Uno de los testimonios más cercanos sobre su vida vino de Marco, quien fue su chofer y colaborador durante 14 años, quien, visiblemente conmovido, relató que trabajar a su lado significó aprender de alguien profundamente comprometido.
“Él tenía disponibilidad las 24 horas para la gente, para los enfermos, para quien necesitara ayuda. Fue una persona entregada realmente a su vocación. No importaba la hora que fuera, si alguien acudía a él, iba a su llamado”, compartió.

Del mismo modo, comentó que el padre Álvaro representó más que un líder religioso, ya que para él fue una figura paterna.
“No lo veíamos solo como sacerdote, lo veíamos como un padre. Yo perdí al mío hace muchos años y él ocupó ese lugar sin proponérselo. Esa cercanía también la experimentaban los jóvenes, especialmente aquellos del Colegio Patria, donde el presbítero impartió sacramentos, confesiones y acompañamiento espiritual durante años”, recalcó.
“Es una pena irreparable. No sabemos cómo vamos a quedar sin él, pero seguiremos sus enseñanzas, porque todos los días nos dejaba algo. Me enseñó que hay que ayudar a quien lo necesita y que nunca dejemos de ir a misa y comulgar”, expresó.
Aunque en sus últimos días comenzó a perder lucidez, su ex colaborador, aseguró que el padre Álvaro nunca dejó de disfrutar la convivencia con la comunidad que tanto amó, ya que le agradaba salir, ir al cine, e incluso comer chicharra o simplemente estar con la gente, por ello quienes estaban a su cuidado procuraban darle pequeños gustos, como la comida tradicional que tanto disfrutaba.

El legado del padre Álvaro
Por otro lado, el obispo Mena Díaz, subrayó que la misión del sacerdote no termina con su muerte, ya que siempre continúa en quienes fueron tocados por su servicio, tal como sucederá con quienes sintieron el llamado vocacional gracias al padre Álvaro.
“El legado que dejamos como sacerdotes es el acompañamiento al pueblo de Dios. Por sus frutos los reconocerán y él dejó muchos frutos”, afirmó.
Tras la misa, el cuerpo del padre Álvaro García Aguilar fue trasladado al mausoleo del clero que está ubicado en el Cementerio General, en donde descansará junto a otros presbíteros que han marcado la historia de la iglesia yucateca.
Mientras tanto, Pedro Díaz, comentó que la comunidad, guarda su recuerdo no desde la ausencia, sino desde el legado espiritual que sembró, pues varios jóvenes encontraron su vocación gracias a él, muchas familias recibieron consuelo en momentos difíciles, movimientos laicos fortalecidos por su dirección y una parroquia que hoy sigue viva y activa gracias a su incansable entrega.
“El padre Álvaro no solo construyó un templo, sino generaciones enteras”, concluyó.
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