Rollo por: Ambrosio Gutiérrez Pérez
No todos quedaron conformes. Muchos de Champotón no querían que Seybaplaya fuera desmembrado (aunque las rivalidades han sido comunes a lo largo de su historia) y los del nuevo municipio se quejan de que La Joya, Ciudad del Sol y otros sitios de esa zona hayan quedado del lado champotonero.
Pero más allá de rivalidades e inconformidades, la constitución del nuevo municipio de Seybaplaya no sólo es un acto de justicia histórico (llevan décadas pidiendo su municipalización) sino un hecho legal, ajustado a la ley, pues esta demarcación cumple a plenitud con los requisitos que establece la Constitución Política de Campeche.
Se trata del municipio número 12 de Campeche y apenas el cuarto creado en las últimas cuatro décadas. Hemos tenido la fortuna de observar de cerca la creación de los municipios de Escárcega durante el gobierno de Abelardo Carrillo Zavala, de Calakmul en tiempos de Salomón Azar García, de Candelaria en tiempo de Antonio González Curiy Seybaplaya, ahora, con Alejandro Moreno Cárdenas.
En ningún caso, al menos no de los últimos cuatro, la municipalización de estas demarcaciones generó problemas mayores que el de, en su momento, ajustar presupuestos y prepararse para elegir autoridades. Sí claro, en los municipios desmembrados hubo críticas, algunos lamentos y mentadas, ajustes territoriales, pero nada de gravedad.
Desde luego, demás del acto de justicia para los seybanos, la voluntad política se movió por el interés estratégico de su puerto, y eventual aeropuerto, por donde se pretende que entre y salga mucho de lo que en un futuro movería en mercancías y acciones de negocios el polígono de la Zona Económica Especial.
Bienvenido Seybaplaya y los seybanos a su nueva categoría, aunque tampoco debe perderse de vista que varias de las juntas municipales, o quizás todas, cumplen con los requisitos. En algunos casos también sería acto de justicia.
Rendijas
—Finalmente Alberto Ceballos González fue separado del cargo de director del Archivo General del Estado. El muchacho, con la confianza del Gobernador, asumió el cargo en el 2015 tras la renuncia por jubilación de Rafael Vega Alí, que había estado al frente de la institución por 28 años y quien, sin duda, puede ser considerado el fundador del Archivo moderno de Campeche.
Pero Ceballos no entendió que su papel de guardián de la memoria histórica pública de Campeche requería, entre otras cosas, de conocimiento, disciplina, dedicación, discreción y servicio. Le interesaron más los reflectores y el ejercicio del poder, así sea un poder “chiquito”. Selfies, fotos, entrevistas, viajes, publicitados en redes sociales y medios colmaban más el ego de Ceballos que el servicio a la ciudadanía.
Ceballos se dedicó a ser capataz y acabó con la armonía. Ahí sólo sus chicharrones tronaban hasta que cansó a los trabajadores, los hartó y, eso sí, generó un evento histórico: la protesta y paro laboral en su contra por unanimidad.
Ahí marcó su suerte. No pocos trabajadores, e historiadores, aconsejaron su salida.
Y llegó José Manuel Alcocer Bernés. No sabemos si saldrá más caro el caldo que la albóndigas.




